Ánfora, cara posterior

Ánfora


Cerámica. Decorada con técnica de figuras rojas.
Pintor de Baltimore.
Apulia, Magna Grecia.
330-320 a.C.
Alt.: 89 cm.
 

Es un ánfora monumental decorada con técnica de figuras rojas y toques de color complementarios en rojo, blanco y dorado. Está decorado en su cara principal con una escena funeraria: un naiskos, o templete funerario, alberga la figura del difunto, un joven desnudo, con clámide sobre el hombro, quien sostiene una estrígile en su mano derecha y apoya el pie en una pila de rocas. A ambos lados del monumento dos figuras femeninas y dos masculinas, de pie y sentadas, con objetos y ofrendas en sus manos. En la cara posterior, la decoración se ha dividido en dos registros: en el superior la escena representa la llegada de Orfeo ante Hades y Perséfone; en el inferior, y junto a una estela, un hombre desnudo, sentado, con enócoe y patera en las manos, dirige su mirada hacia una mujer, sentada sobre una pila de rocas, con xilófono en la mano, mientras una mujer con corona y bandeja de frutos se acerca al varón, y una mujer sentada con cintas y bandeja en las manos cierra la escena por la derecha. En el hombro del vaso, una cabeza femenina brota de un cáliz de flor entre una profusión de róleos, zarcillos, espirales y ramas vegetales.

El interés de esta pieza radica en la escena de la visita de Orfeo a los Infiernos. Orfeo es, junto con Dioniso y Perséfone, la figura principal del orfismo, religión mistérica extendida en el mundo griego desde Macedonia a la Magna Grecia. En la teología órfica Orfeo es el mediador humano que, a través de la iniciación, muestra el camino que las almas deben recorrer para alcanzar su salvación. En las imágenes de los vasos apulios se recoge precisamente este papel, su presencia en los Infiernos no está relacionada con la búsqueda de Euridice, que por otra parte nunca es representada, sino como introductor o protector de las almas en su llegada al inframundo. Hermes, el dios conductor de las almas al Hades, y Hécate, la diosa que ilumina con sus antorchas las tinieblas del camino subterráneo y del camino de la resurrección del alma, acompañan al poeta tracio en su función mediadora.

Es un vaso extraordinario desde el punto de vista artístico, un ejemplar de magnífica calidad y buen estado de conservación, obra del Pintor de Baltimore, uno de los mejores pintores apulios del último cuarto del siglo IV a.C. Es un documento excepcional por la rareza e importancia del tema representado, Orfeo tañendo su cítara en presencia de los dioses de los Infiernos, Hades y Perséfone, un tema mítico del que solo se conocen en el mundo una docena de ejemplos en vasos de la Magna Grecia.