Dama de Elche

Imprescindibles

 

Itinerario completo de 33 piezas disponible para realizar en el Museo con la Guía multimedia o la APP "MAN Museo Arqueológico Nacional". +Info

 

Duración: 96'

Imprescindibles

Aunque todas las piezas del museo son igualmente importantes porque forman parte de nuestro patrimonio cultural, algunas de ellas son especiales por su valor artístico, perfección técnica, significado simbolico… En definitiva por revelarnos algún aspecto fundamental sobre el grupo social que les dio vida. Les recomendamos que no dejen de ver alguna de las imprescindibles que hemos seleccionado.

Bifaz del Manzanares

El bifaz o hacha de mano es uno de los primeros instrumentos de piedra elaborados por los seres humanos. Es, además, el que mejor muestra su capacidad para transformar la piedra en un objeto útil. La perfecta adecuación entre la materia, la forma y la función de este instrumento es una prueba de la inteligencia y habilidad de los primeros seres humanos. Su forma obedece a un plan o proyecto mental que previó el uso que se le quería dar, en este caso, múltiple. Es decir, es un instrumento multiuso que sirve para cortar, cavar, extraer, golpear, descarnar y despellejar. Con este objetivo, la piedra de sílex fue tallada por las dos caras hasta conseguir la arista de contacto, es decir, el borde, que sería retocado presionando con un percutor de madera o hueso hasta obtener un filo cortante.
 

Bifaz

Planta 0, Sala 5

Estela de Solana de Cabañas

Las poblaciones que habitaron en el suroeste de la Península al final de la Edad del Bronce utilizaron grandes lajas de piedra para marcar sus territorios. Grabaron en ellas la figura del jefe local con los objetos que le identificaban simbólicamente como tal, y las colocaron en puntos estratégicos de la red viaria y comercial para que la gente que transitaba por ella las viera a distancia e interpretara su mensaje.

La estela de Solana de Cabañas es uno de los ejemplares más significativos. En ella aparece un varón junto a un gran escudo. Sobre ambos, hay un broche, un espejo, una espada y una lanza; en la parte inferior, un carro de cuatro ruedas. Estos objetos tuvieron su correlato en la realidad, aunque no todos están documentados arqueológicamente en la península Ibérica. Unos relacionaban a su poseedor con los príncipes mediterráneos que ostentaban objetos similares como símbolos de su poder, y otros con los de la costa atlántica europea. Unos y otros enfatizaban su participación en la red de intercambios de regalos entre príncipes, y consecuentemente, le proporcionaban el prestigio que legitimaba su control sobre el territorio.
 

Estela de Solana

Planta 0, Sala 9

Dama de Elche

Esta escultura es famosa desde su hallazgo casual en La Alcudia de Elche, en un escondrijo hecho con losas y adosado a la muralla de la antigua ciudad ibérica de Ilici. Posible obra de un escultor griego o formado en talleres griegos, representa a una mujer de facciones muy bellas e idealizadas. Está ricamente ataviada. En su complicado tocado destacan los rodetes metálicos, así como la tiara, el velo y la diadema adornada con cuentas. Su indumentaria se compone de manto, toga y túnica y se adorna con tres collares, probablemente de oro. En su espalda presenta una cavidad cuya funcionalidad es aún discutida, como lo es su datación, composición escultórica e identidad. Así, no hay respuestas definitivas respecto a si se usó como urna cineraria o relicario, si se realizó a finales del siglo V a.C. o un poco después, o si originalmente fue un busto o un cuerpo completo posteriormente cortado. También hay dudas sobre si representa a una diosa, a una sacerdotisa o a una novia con las joyas de su dote, aunque la interpretación más aceptada hoy es que se trata de una dama de la aristocracia divinizada por sus descendientes.
 

Dama de Elche

Planta 1, Sala 13

Monumento de Pozo Moro

Esta tumba turriforme es única en su género porque los relieves que la decoran son imprescindibles para comprender el influjo de los mitos orientales en la mentalidad de los iberos. En ellos se desarrolla un programa iconográfico para magnificar al difunto como fundador de linaje, aunque no haya total acuerdo en su interpretación. Se inicia con la diosa fenicia Astarté, peinada como la diosa egipcia Hator, que sostiene dos enormes flores de loto, símbolos de fecundidad y renacimiento. Continúa con la imagen del héroe portando el árbol de la vida, que ha logrado venciendo a los monstruos y que le asegura la inmortalidad. Sigue una escena de banquete. Un ser monstruoso de dos cabezas sujeta con una mano la pata de un jabalí y sostiene con la otra un cuenco con una figura humana, quizás el difunto. Se dispone a ingerirla para conducirla de este modo a la esfera de los dioses. Completan el programa la figura de un guerrero luchando contra monstruos y una escena sexual de unión carnal de un personaje masculino con una diosa. De ser el difunto, esta unión daría un origen divino a su descendencia, es decir, a la aristocracia local.
 

Pozo Moro

Planta 1, Sala 12

Estandarte de Pollentia

Este estandarte de bronce perteneció a un colegio de jóvenes de la ciudad hispanorromana de Pollentia. El emperador Augusto creó este tipo de instituciones con el fin de preparar para la vida cívica a los jóvenes de las altas sociedades de las provincias del Imperio. Aquí eran educados en los valores, creencias y costumbres romanas para facilitarles así su integración en la sociedad. Como parte de su educación, participaban en combates lúdicos y en las procesiones que les precedían portando estandartes como éste con las insignias del colegio: el genio de la juventud y las diosas protectoras Isis, Fortuna y Diana cazadora. Los círculos laterales, hoy vacíos, posiblemente portaron el retrato del emperador y del princeps iuventutis, su sucesor. Sus efigies permitirían a los jóvenes colegiales cumplir con el culto al emperador, que formaba parte de su educación cívico- religiosa, según estableció Augusto.
 

Estandarte de Pollentia

Planta 1, Sala 19

Estatua de Livia

Esta bella estatua femenina representa a Livia Drusilla, esposa del emperador Augusto. De todas sus efigies, esta es la más hermosa quizá porque su rostro sereno tiene una expresión suave e idealizada. Viste doble túnica y manto, cual matrona romana.

Su gran personalidad fue reconocida en vida y se la consideró modelo de buenas costumbres y de respeto a la tradición romana. Gozó de gran popularidad entre el pueblo, en cuyos asuntos públicos tuvo gran protagonismo en calidad de esposa y madre de príncipes. Pero su influencia transcendió las cuestiones políticas, evidenciándose en temas religiosos, sobre todo al propiciar la pronta deificación de su esposo Augusto, a quien dedicó un templo y para quién creó un colegio de sacerdotes. Ella misma fue sacerdotisa de su culto, tal como aparece representada en esta escultura.
 

Estatua de Livia

Planta 1, Sala 20

Tesoro de Guarrazar

De este tesoro se exponen seis coronas y cinco cruces de oro con piedras preciosas, perlas y cristal tallado. Fue escondido dentro de dos fosas en el paraje de Guarrazar, cerca del pueblo toledano de Guadamur La pieza más destacada es la corona de Recesvinto, en la que las letras colgantes en oro forman su nombre. Es, además, la de mayor tamaño y la más suntuosa. Todos los objetos que forman el tesoro, excepto la técnicamente exquisita cruz pectoral, de origen bizantino, fueron fabricados en los talleres áulicos de la capital toledana durante el siglo VII. Las coronas no eran objetos de uso regio, ya que los reyes visigodos no eran coronados, sino ungidos con óleo. Son en realidad ofrendas votivas realizadas por los reyes y, en ocasiones, por otros personajes de alto rango civil o eclesiástico, a las principales basílicas. Allí engalanaban lugares especialmente relevantes, como el altar o los sepulcros de los santos a los que se rendía culto. Estos ricos objetos son el testimonio de la alianza establecida entre la Monarquía y la Iglesia, la corona y la cruz, como forma de legitimizar mutuamente su poder.
 

Corona de Recesvinto

Planta 1, Sala 23

Bote de Zamora

Esta caja realizada en marfil es uno de los más bellos ejemplos del trabajo de marfil realizado por los artesanos andalusíes en el taller palatino de Madinat al-Zahra en la segunda mitad del siglo X. Por la inscripción tallada en elegante letra cúfica en el borde de su tapa, sabemos que fue un regalo mandado elaborar por el califa al-Hakam II para su favorita Subh, bajo la supervisión de un alto funcionario, Durri el Chico. Subh, vascona de nacimiento, fue una de las mujeres más influyentes de la Córdoba omeya y la madre del futuro califa Hisam II. La decoración de árboles, palmas, tallos, hojas, brotes y flores estilizadas, entre los cuales se tallan pavones, palomas y cervatillos afrontados, recrean los jardines palatinos y es, por tanto, un tema adecuado a la persona a la que estaba destinada esta pieza. Los botes como éste eran objetos exóticos y exclusivos reservados a la familia califal y los altos funcionarios del Estado y se destinaban a contener alhajas y perfumes. Fue tal el aprecio que despertaron entre los cristianos que los reutilizaron para contener reliquias en monasterios o catedrales.
 

Bote de Zamora

Planta 1, Sala 23

Crucifijo de Don Fernando y Doña Sancha

Este crucifijo de marfil muestra la primera representación escultórica de un Crucificado en los reinos cristianos medievales y, por su excelente factura, es una de las más importantes creaciones de estilo románico. Es también una cruz-relicario excepcional, con el receptáculo para el lignum crucis en la espalda de Cristo, que podría llevarse en procesión o ser expuesta hincando el apéndice en un soporte. Su programa iconográfico se centra en la Crucifixión y Resurrección de Cristo, y en su papel redentor de la humanidad, representada en la figura de Adán que se halla a sus pies. El hieratismo, rigidez y frontalidad de la figura de Cristo crucificado exaltan su naturaleza divina, al igual que sus ojos abiertos y sin señal de sufrimiento. En el extremo superior se representa a Cristo resucitado y triunfante. También hay una referencia al Juicio Final en la representación de los muertos saliendo de sus tumbas, de los bienaventurados elevándose y de los condenados cayendo. En la parte inferior del anverso de la cruz, los nombres de FERDINANDUS Y SANCIA, los reyes de León que donaron la cruz, en 1063, a la colegiata de San Isidoro de León, donde se celebraron las exequias del monarca.
 

Crucifijo de Don Fernando

Planta 2, Sala 27

Ábaco neperiano

Esta pequeña arqueta está realizada en madera de palosanto con incrustaciones de marfil. Es, en realidad, el estuche de dos ábacos, inventados por el matemático John Napier, en la segunda mitad del siglo XVI, para realizar operaciones matemáticas con numeración arábiga. El primero de ellos se encuentra en la caja con tapa corredera, que está situada en la parte superior del mueble. Consta de dos placas con las tablas de potencias y varillas con los múltiplos de la cantidad que figura en su extremo. Dentro del mueble, en cajones numerados, se encuentra el segundo ábaco. En el cuerpo central se guardan las placas con las tablas de multiplicar que funcionan como multiplicando. En los cajones laterales, las fichas perforadas que se utilizan como multiplicador cuando se colocan transversalmente sobre las anteriores, según normas establecidas. Este segundo ábaco permitía hacer los complejos cálculos matemáticos propios de determinada ciencias, como la Astronomía y la Cosmografía.
 

Abaco

Planta 2, Sala 28

Estela de Nebsumenu

"En el año uno de mi mandato yo, como rey del Alto y Bajo Egipto, Seankhiptáh, hijo de Ra, al que le ha sido dada la vida eterna, dispongo: Que las tierras arables de Nebsuménu; canciller del Bajo Egipto y supervisor de selladores del estado, pasen a ser distritos urbanos del sur y del este; además de las tierras meridionales y sus canales, y las tierras baldías, al este y al oeste de la tierra de Hému".

Así está escrito en esta estela de piedra. Es un documento oficial, un decreto de recalificación de terrenos rústicos que pasan a ser suelo urbano.

Lo emite el faraón Seankhiptáh, representado en la escena central. Le acompañan el alto funcionario Nebsuménu, dueño de las tierras y beneficiario del decreto, y los dioses que bendicen esta disposición. En la parte superior, el disco solar alado preside la escena.

Es lógico suponer que el cambio de uso en los terrenos, antes agrícolas, ahora edificables, proporcionaría enormes beneficios a su propietario.
 

Estela de Nebsumenu

Planta 2, Sala 33

Estatua de Harsomtus-Em-Hat

"Este es Harsomtus-em-hat, noble príncipe, escriba de los documentos reales, registrador de las moradas, sacerdote de Neit, sacerdote de Hathor, sacerdote de Horus".

Tal como dice la inscripción, Harsomtus-em-hat era un sacerdote. Su vida estaba al servicio de varios dioses. Había sido circuncidado y debía rasurarse y depilarse de la cabeza a los pies diariamente. Sólo podía vestir una túnica blanca de lino y tenía prohibido comer cerdo o animales impuros. Como sacerdote, su actividad diaria se repartía entre abluciones, oraciones y libaciones en honor de los dioses. El mango del sistro entre sus manos recuerda que estaba consagrado a la diosa Hathor, entre otras divinidades.

Harsomtus-em-hat era también un alto funcionario del estado: registrador de las propiedades, haciendas y censos. Su trabajo diario, que compartía con el de sacerdote, consistió en escribir documentos oficiales. También trabajó en los archivos y bibliotecas donde se guardaban con gran celo los valiosos rollos de papíro sobre matemáticas, ingeniería, astronomía o medicina, así como los antiguos textos teológicos, relatos míticos o cánones litúrgicos.
 

Estatua de Harsomtus-Em-Hat

Planta 2, Sala 34

Dinos de Tetis y Peleo

Dinos cerámicos como éste sirvieron para la mezcla de vino y agua en las fiestas y banquetes de Grecia. Su superficie ilustrada nos relata un mito.

Tetis, la más guapa de las nereidas, fue objeto de deseo del mismísimo Zeus. Pero fue Peleo, un mortal, quien pudo raptar a la bella diosa del mar. Entre el oleaje y la espuma la abraza con fuerza. Ella forcejea, pero sus hermosos pies de plateadas escamas no la sostienen. Su vestido de agua resbala entre los brazos de Peleo, mientras su cuerpo se retuerce como serpiente marina. Pero nada puede Tetis contra él.

Entonces se anuncian las alegres bodas. Una paloma y Eros, dios del amor, traen para la novia hermosas cintas nupciales. Pulpos, delfines, calamares, hipocampos y dragones marinos ayudan a las juguetonas hermanas nereidas a preparar el ritual. Suena el pandero sonoro en las manos femeninas. Y transportado por dos delfines saltarines y una nereida, Peleo, triunfante, se llevará por fin a la novia.

Así nos cuenta el pintor el rapto y la boda de Tetis en esta cerámica del siglo cuarto antes de Cristo. Está considerada una obra maestra por su trazo ágil e inquieto y por la imaginación del relato. Es el rapto más sorprendente jamás pintado.

Dinos de Tetis y Peleo

Planta 2, Sala 36

Tevau

El dinero puede adoptar una gran variedad de formas, ya que ciertos objetos apreciados por su valor material, ritual o sagrado pueden convertirse en dinero. Éste ha sido el caso del tevau o "dinero pluma", una de las formas más originales de dinero. Realizado con las plumas del pequeño pájaro Mielero cardenal, su valor se deriva tanto del largo y laborioso proceso de fabricación como de las connotaciones mágicas de éste. De ahí que se usara tan sólo para pagos rituales, como el pago por la novia, o para comprar bienes de alto valor económico, como las canoas o el ganado. Utilizado en Oceanía hasta la década de 1970, fue declarado patrimonio cultural de las islas en 1975, prohibiéndose desde entonces su exportación.
 

Tevau

Entreplanta, Sala 38