Tabica con aguadora. Catedral de Teruel

Museo en femenino

 

Itinerario completo disponible para realizar en el Museo con la Guía multimedia.

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Duración: 90'

De las mujeres sin historia a la Historia de las mujeres

Esta mujer neanderthal habitó en la cueva asturiana de El Sidrón. Su especie, tan de moda en la actualidad, está siendo objeto de numerosas discusiones científicas. La principal información sobre los neandertales la ofrecen sus huesos y dientes. Además de utilizar estos últimos para masticar, les sirvieron de ayuda para sujetar objetos y manipularlos mejor. Sin embargo, de tan exiguos testimonios es arriesgado deducir datos sobre su comportamiento, sobre las relaciones entre los sexos o sobre la diferenciación de tareas según su género, si es que existió.

Estos temas sobre las sociedades prehistóricas se han reconstruido tradicionalmente trasladando a éstas los esquemas sociales de sexo/género de la sociedad que los estudiaba. Por ello, pareció que, desde el paleolítico, las mujeres no habían tenido historia o se habían limitado siempre al desempeño de roles secundarios. Los avances de la arqueología a finales del siglo XX de la mano de las investigadoras sobre la Historia de las mujeres pusieron de relieve roles femeninos y formas de organización distintas a las contemporáneas. Nuevas formas de formular preguntas a los objetos y otros elementos arqueológicos han descubierto un mundo desconocido donde las mujeres emergen con protagonismo, como iremos viendo a lo largo de este itinerario.

Mujer Neanderthal

Mujer Neanderthal (Sala 5, Vitrina 5.6)

Las tareas femeninas

Estos peculiares objetos de esparto son el testimonio más antiguo del trabajo de este material en la península Ibérica. Se han conservado durante casi siete mil años gracias a las extraordinarias condiciones naturales de la cueva de los Murciélagos, utilizada como enterramiento colectivo. Se trata de restos de indumentaria, vestidos y calzado, y de cestillos finamente tejidos que sirvieron como objetos personales o ajuar funerario de los cadáveres allí enterrados. Doce de estos cadáveres, estaban dispuestos circularmente en torno a un cuerpo femenino. Este hecho, interpretado simbólicamente hoy en día, presupone la importancia de una mujer de carne y hueso, que fue honrada de esta forma y que portaba una diadema de oro.

Aunque esta mujer parece haber tenido un papel importante dentro de su grupo social, no quedan muy claras sus posibles ocupaciones. Los objetos de esparto de esta tumba nos sitúan ante una importante cuestión ¿quién se encargaba de mantener y alargar la vida útil de estos objetos cotidianos y de tenerlos en condiciones de uso? Desconocemos si fueron varones o mujeres quienes lo hicieron. La documentación histórica de épocas más tempranas y la comparación etnográfica indican que muchas de estas actividades, imprescindibles para la supervivencia de una comunidad, han sido tradicionalmente realizadas por mujeres.

Objetos de esparto. Cueva de los murciélagos

Objetos de esparto. Cueva de los murciélagos, Granada (Sala 6, Vitrina 7.3)

El cuerpo femenino, primera autorrepresentación humana

Esta estatuilla femenina muestra el triángulo púbico realizado a partir de una línea punteada. Es una de las pocas representaciones sexuales del Calcolítico. Del realismo de figuras como ésta puede deducirse un mayor interés de sus creadores por el protagonismo del individuo frente a la colectividad. No obstante, desconocemos su significado, aunque se consideran producto de un lenguaje simbólico. La principal duda es si representan ídolos o mujeres reales. Antes, se interpretaban como imágenes de diosas, o de la Diosa madre, o como alusiones a la fertilidad, modelos que hoy se cuestionan.

En relación con este hecho, no parece casual que las primeras representaciones antropomorfas, las Venus paleolíticas, fueran femeninas y se extendieran por toda Europa, lo que ha llevado a afirmar que la primera autorrepresentación humana fue el cuerpo de una mujer. Quizá estas primeras manifestaciones estén en relación con la fecundidad, es decir, con la capacidad de la mujer para crear vida, interpretación cuestionada hoy en día. A partir de ese momento, y poco a poco, las figurillas masculinas irán ganando en importancia, quizá reflejando cambios, desconocidos para nosotros, que se iban originando también en la propia sociedad que las produjo.

Ídolo antropomorfo femenino

Ídolo antropomorfo femenino (Sala 7, Vitrina 7.6)

La mujer divinizada

Esta pequeña escultura de plata, de carácter votivo, representa a Kherdeankh, madre del médico, arquitecto y sacerdote Imhotep, artífice de la pirámide escalonada de Dyeser. Con la deificación de su hijo, ella también fue considerada descendiente de un dios y, aunque vivió a principios del III milenio a.C., esta figurilla fue realizada durante el periodo ptolemaico, más de dos mil años después de su muerte. Su culto fue muy popular, al ser mediadora entre los hombres y los dioses, y persistió hasta época romana.

Kherdeankh lleva una serpiente ureus en la frente, atributo del faraón y de los dioses, lo que indica el grado de respeto que llegó a alcanzar. De hecho, no solo fue considerada descendiente de un dios, sino que, a veces, llegó a ser identificada con la propia diosa Hathor. En el antiguo Egipto, aunque las mujeres tenían una condición legal similar a la del hombre, estaban supeditadas a éste y no todas tenían la alta posición y reconocimiento de Kherdeankh. Sólo algunas, como las reinas Hatshepsut, Nefertiti o Cleopatra tuvieron la suficiente relevancia y consideración como para legar su nombre a la posteridad.

Estatua de Kherdeankh

Estatua de Kherdeankh (Sala 34, Vitrina 34.4)

Recuperación de la identidad femenina perdida

Esta momia pertenece a una mujer de unos 25 años. Procede de la colección privada de un diplomático español y fue comprada por el Museo a finales del siglo XIX. En aquella época, se determinó que correspondía a un hombre, en concreto a un sacerdote, conclusión lógica si tenemos en cuenta las opiniones que la arqueología decimonónica tenía sobre la mujer en la Antigüedad.

Su examen externo no permite concretar su sexo o edad, dado que no se exterioriza ninguna parte de su anatomía al estar completamente vendada. Además, y quizá para hacer más atractiva su venta o su exhibición, se asoció con cinco cartonajes funerarios policromados que se fechan en época más reciente y que no están relacionados directamente con ella. Sin embargo, el estudio radiológico ha permitido saber no sólo que era una mujer joven de constitución débil y enfermiza, sino también que portaba en su viaje al Más Allá algunos objetos o amuletos de valor, por ejemplo un objeto en forma de serpiente, posiblemente un anillo o amuleto. Gracias a la existencia del proceso de momificación en el Egipto faraónico y a las técnicas de análisis modernas hemos podido devolverle su verdadera identidad.

Momia egipcia de mujer

Momia egipcia de mujer (Sala 35, Vitrina 35.11)

Varón perfecto frente a mujer, varón imperfecto

Esta es una estatua de Apolo, dios de la razón y la belleza y modelo de excelencia para los varones griegos. Éstos se consideraron perfectos y absolutamente contrarios y superiores a la mujer, su contramodelo. Los varones, tras recibir una esmerada educación y alcanzar la ciudadanía, eran los protagonistas de todas las actividades de su ciudad, donde exhibían su espíritu de esfuerzo, competición y superación. La educación, el debate, la política, el ocio, y el deporte fomentaban este espíritu y la guerra en defensa de su ciudad, lo ponía a prueba.

Sin embargo, la mujer, su contramodelo, privada de educación, sufrió en esta época una de las formulaciones más crueles y duraderas de la historia, pues fue categorizada “como varón imperfecto”, en lo que insistieron muchos filósofos griegos, con Aristóteles a la cabeza.

Por todos estos motivos, la ciudadanía quedó como prerrogativa masculina, excluyendo a las mujeres de ella y de todos los ámbitos de la vida social, aunque afortunadamente hubo algunas excepciones.

Estatua de Apolo

Estatua de Apolo (Sala 36, Peana)

Las vidas opuestas del hombre y la mujer

Niñas y niños griegos compartieron juegos y juguetes como éstos. También compartieron la educación hasta los siete años pero su vida posterior fue completamente distinta y opuesta. Los griegos imaginaron que el tiempo masculino era lineal y en continua evolución, mientras que el femenino era cíclico y discontinuo. La mitología, expresa bien este hecho. Odiseo vive aventuras continuas y, por el contrario, su esposa Penélope teje de día lo que deshace de noche en un círculo sin fin. Sus vidas están en perfecta correlación con la vida del varón griego, activo ciudadano de la polis, y con la de la mujer, excluida de la vida política y recluida en el hogar para asegurar la descendencia del varón, y haciendo siempre lo mismo.

Las mujeres griegas fueron eternas menores de edad que dependían de su padre o marido y, si desobedecían a los imperativos del género, eran castigadas. Pese a todo, algunas llegaron a ser científicas, como Hipatia, filósofas como Diotima, intelectuales como Aspasia o poetas como Safo, quienes salieron del tiempo circular femenino y decidieron su futuro, contribuyendo a la cultura de su época.

Juguetes infantiles griegos

Juguetes infantiles griegos (Sala 36, Vitrina 36.9)

La mujer, fascinación y peligro

Este lécito de figuras rojas del siglo IV a.C. muestra la imagen de una sirena. Este personaje híbrido de ave y mujer de origen asirio-babilónico tuvo extensión universal.

Las sirenas son seres de los que conviene huir, a pesar de su gran atractivo. Este arquetipo ambivalente y de presupuestos patriarcales tuvo su origen en la consideración de la mujer como objeto tanto de fascinación como de peligro. En la cultura griega, las sirenas habitaban en una isla sepulcral y atraían con sus cantos a navegantes, que encallaban en sus costas. Apolonio de Rodas, a principios del siglo III a.C., las describe por vez primera, y las presenta con cabeza de mujer y cuerpo de ave, coherente con su destreza musical. Solo en la Edad Media transmutarán su cuerpo en el de un pez.

Bellas y eternas incitadoras de los varones, personifican la tentación, la lujuria, etc., y tendrán larga vida en el imaginario popular bajo distintas formas y nombres: náyades, lamias, xanas, doncellas de la noche de San Juan… Son también precedente de la femme fatale de la iconografía romántica, presente hasta nuestros días.

 

Lécito griego con sirena

Lécito griego con sirena (Sala 36, Vitrina 36.25)

Mujer real, mujer heroizada

La tumba nº 155 es el enterramiento principal de la necrópolis ibérica de Baza y es famosa porque en su interior fue hallada la escultura conocida como Dama de Baza, una urna cineraria de gran tamaño. El descubrimiento de esta tumba, que se había conservado sellada y con el contexto arqueológico intacto, supone un antes y un después en el conocimiento de la Historia de las mujeres iberas.

La presencia del ajuar presuntamente masculino que acompañaba a la Dama, y que incluía varias panoplias de guerrero, indujo a los investigadores a pensar que era la tumba de un hombre. Posteriores estudios, entre ellos los de pequeños huesos calcinados mezclados con cenizas y conservados en una abertura lateral del trono, demostraron que la persona enterrada era una mujer. Se demostraba así la compatibilidad de la presencia de armamento en tumbas de mujeres, algo que tradicionalmente no se había tenido en consideración. Posiblemente, nos hallamos ante la fundadora de un linaje, que de este modo había sido heroizada por sus descendientes como signo de la importancia y protagonismo que las mujeres desempeñaron en la sociedad ibérica. Quizá también por este motivo esta cultura ha legado mayor cantidad proporcional de imágenes femeninas.

Tumba Nº 155 de Baza, Granada

Tumba Nº 155 de Baza, Granada (Sala 11, Vitrina 11.14) 

La importancia de la mujer ibera

Estas figurillas de bronce con elocuentes posturas rituales representan a mujeres de la cultura ibérica. Son exvotos que los iberos fueron depositando en los santuarios a lo largo del tiempo como ofrenda a sus dioses. Las mujeres representadas son damas de la aristocracia, y gracias a estos exvotos sabemos cómo vestían. Por lo general, llevaban una túnica ceñida por un cinturón y se envolvían en largos mantos o velos. Algunas portaban altos y variados tocados y otros elementos de adorno de gran vistosidad, sobre todo piezas de joyería, solo accesibles a las clases pudientes. Algo similar sucedía con la lana y el lino utilizados para confeccionar sus vestidos. Por tanto, la indumentaria constituye, por lo exclusivo de sus materiales y su elegancia, un elemento revelador de estatus y diferenciación social. La postura y los gestos incidían en esta idea de jerarquización de la sociedad ibérica, en la que las mujeres parece que desempeñaron un papel importante, aunque desconocido para nosotros. Quizá estaba en consonancia con el papel del varón, puesto que la proporción de exvotos femeninos hallada es bastante similar a la de exvotos masculinos.

Exvotos femeninos ibéricos

Exvotos femeninos ibéricos (Sala 11, Vitrina 11.8) 

Los juguetes como forma de educación para la mujer

En Roma, el marco de la educación era tradicionalmente la familia, medio en el que crecían y se formaban niños y niñas. Era la propia madre la que se ocupaba de la educación de sus vástagos. A partir de los siete años, los niños pasaban a ser educados directamente por el padre. Sin embargo, pronto se generalizó la educación pública en escuelas, a las que asistían, siempre que fuesen libres y de ciertas clases sociales, tanto niños como niñas. A partir de los 16 años, sólo los varones continuaban su formación junto a algún viejo amigo de la familia.

Aunque es menos lo que sabemos de la educación de las niñas, sí conocemos los juguetes que utilizaban y que reproducen el futuro papel materno que se esperaba de ellas. Entre estos, destacan biberones, sonajeros, cocinitas, o muñecas. Estas últimas se hacían en todo tipo de materiales, sin que sean extrañas las articuladas, rudimentarios autómatas que harían las delicias de las pequeñas. Algunas estelas funerarias muestran a niñas jugando con ellas, y en ocasiones han aparecido enterradas junto a sus dueñas que, de este modo, estarían acompañadas por aquello que en vida las hizo felices.

Muñeca romana

Muñeca romana (Sala 21, Vitrina 21.4) 

La mujer en el Derecho romano

Esta estela funeraria de la localidad burgalesa de Lara de los Infantes está dedicada por el romano Bebio Cándido a su sierva Optatila Festa, de origen indígena, que murió a los 27 años de edad. Sobre la inscripción, se representa una escena con una mujer sentada, que porta en la mano un objeto que parece un espejo, frente a una mesa con ofrendas. La estela se interpreta como el reconocimiento del patrón a una de sus trabajadoras.

En la sociedad romana, los siervos, esclavos, libertos y clientes formaban parte de la familia, junto al paterfamilias, su esposa y sus hijos y nietos. El derecho civil romano reconoce al hombre la potestad sobre los restantes miembros de la familia, incluida la esposa. De la mujer, ofrece una imagen ideal como matrona, modelo de honestidad y pudor, pero cuya libertad de actuación era muy limitada. Sin embargo, a partir del siglo I a.C. se inicia un lento proceso de emancipación de las mujeres patricias, lo que provocó una reacción misógina contra ellas por parte de numerosos autores, como Tito Livio o Juvenal.

Estela funeraria de Optatila Festa

Estela funeraria de Optatila Festa (Sala 21, Peana)

La mujer ¿inferior al hombre o superior a él?

El sarcófago del pueblo leonés de San Justo de la Vega, realizado hacia el año 310, es una de las primeras obras peninsulares que demuestran la cristianización de las élites provinciales hispanorromanas. En sus características formales continúa la tradición romana, pero su iconografía traduce el núcleo de la nueva religión. Desaparece el panteón pagano romano, y la escena de Adán y Eva avergonzándose de su desnudez se sitúa en el centro, rodeada de otras escenas bíblicas.

Este relato fundacional, tomado del Génesis, llegará a la posterior Edad Media en la tradición de los primeros Padres de la Iglesia, que glosarán la idea de una mujer, Eva, creada a partir de una costilla masculina, la de su compañero Adán, lo que fundamentará la subordinación de las mujeres a los varones. Solo al final de la Edad Media surgirá otra tradición opuesta, cuando otras voces, tanto femeninas como masculinas, defiendan la mayor excelencia de las mujeres, por ser la última obra hecha por Dios en su Creación, y por tanto la más perfecta, invirtiendo el argumento tradicional.

Sarcófago de Astorga, León

Sarcófago de Astorga, León (Sala 23, Peana)

Mujeres viajeras y peregrinas

Esta fíbula forma parte del ajuar funerario de la tumba de una mujer visigoda de Turuñuelo (Badajoz). Esta mujer, fallecida a finales del siglo VI, debió de pertenecer a una clase social elevada. Los trabajadores de la finca donde se encontró la tumba lo bautizaron como “el ajuar de la reina” por su riqueza: hilos, anillo con inscripción, pendientes, apliques… todo de oro.

Sobresale una fíbula que representa la Adoración de los Reyes Magos con inscripción en griego que pide a la Virgen María protección para su portadora. Esta pieza parece tener origen bizantino e indica la existencia de relaciones comerciales entre el Mediterráneo oriental y la península Ibérica en esta época. Tenemos noticias incluso de mujeres viajeras, como es el caso de la religiosa Egeria, que peregrinó a Tierra Santa desde Hispania, en el siglo IV, tal como conocemos por el libro que escribió a su vuelta. Estas mujeres desafiaron la norma patriarcal que las prefería sedentarias y en el hogar. Egeria viajó por curiosidad, y se apropió de espacios simbólicos masculinos. No sabemos si es el caso de la portadora de esta fíbula, que adquirió un objeto excepcional procedente de lejanas tierras, con el que decidió ser enterrada.

Fíbula de El Turuñuelo,  Badajoz

Fíbula de El Turuñuelo, Badajoz (Sala 23, Vitrina 23,4)

Las mujeres visigodas, una excepción a la regla

Esta bella lápida de mármol procede de Mérida y está fechada en el año 661. En ella aparece una inscripción con frases separadas por bellos y estilizados signos en forma de hoja. La inscripción hace referencia a una mujer de nombre Eugenia que reconstruye o amplía un monasterio femenino. Eugenia profesó en este monasterio, en el que ejerció como abadesa. Lo consagró, dice la inscripción, el poderoso obispo Oroncio, el mismo que presidió los concilios VII y VIII de Toledo.

Conservamos un buen número de nombres de mujeres fundadoras distribuidos por toda la península durante la dominación visigoda. Dotar monasterios e invertir en ellos la fortuna y la propia vida fue práctica frecuente entre vírgenes y viudas. Para las mujeres, era una forma de expresar la devoción y practicar la caridad, pero también de acceder a la educación y de disfrutar del poder y libertad de actuación. De esta forma, podían ejercer su influencia e intervenir activamente en la sociedad de su época, a pesar de no cumplir las características que tradicionalmente se les había asignado como seres débiles, sumisos e indefensos de los que el hombre esperaba respeto.

Lápida visigoda de Eugenia

Lápida visigoda de Eugenia (Sala 23, Peana)

Adorno de la mujer andalusí

Este bote de cristal de roca decorado es de origen seguramente fatimí, es decir, producido en Egipto, y llegaría a manos de una mujer andalusí gracias al comercio internacional. Posiblemente contuvo kohl, que junto con la alheña (o jena) fueron dos de los ingredientes favoritos con los que las mujeres andalusíes adornaron su cuerpo. El kohl se emplea para teñir de color oscuro los bordes de los párpados y las cejas. Además de proteger contra enfermedades oftalmológicas, su uso pasó a formar parte de los cánones de belleza femenina. Las mujeres llegaban a pintarse puntos en la cara, a modo de tatuajes, con este producto. La transparencia del cristal de este bote contrastaría con los polvos oscuros depositados en su interior, creando un bello efecto. Como la mayoría de los objetos musulmanes, decora su superficie con una inscripción, “Bendición de Dios”, y dos aves afrontadas en torno al árbol de la vida.

El cuidado del cuerpo y su embellecimiento, ya esté sano, ya enfermo, o incluso difunto, ha sido actividad desarrollada más por las mujeres que por los varones en las diferentes culturas medievales, situación que prácticamente se mantiene hasta nuestros días.

Bote de kohl

Bote de kohl (Sala 23, Vitrina 23.16)

Oficios y trabajos femeninos en la Edad Media

Esta tabica policromada muestra a una aguadora portando un cántaro de doble asa sobre su cabeza. Pertenece a la fastuosa techumbre mudéjar de la catedral de Teruel, de mediados del siglo XIII, que ofrece un repertorio inmenso de escenas de vida cotidiana. Otras tablas de la techumbre representan a mujeres sacando agua de un pozo, respondiendo al vínculo femenino con la fuente, el lavadero o el río, tan frecuente en la tradición medieval.

Durante la Edad Media, las mujeres desarrollaron trabajos y ocupaciones muy diversas. El abastecimiento de agua, la regencia y administración de baños públicos, el lavado de la ropa, etcétera, fueron actividades muy feminizadas. Las prácticas laborales femeninas se remuneraron cuando se realizaban fuera del ámbito familiar, pero no en el caso de desarrollarse en el espacio doméstico. De manera similar se obraba en los talleres artesanos y mercantiles, donde las mujeres desarrollaron la misma actividad profesional que sus familiares varones, aunque sin recibir por ello ninguna remuneración. Cuando estos desaparecían, ellas regentaron por completo estos negocios.

Tabica con aguadora. Catedral de Teruel

Tabica con aguadora. Catedral de Teruel (Sala 24, PEANA)

La Virgen, reivindicadora de la mujer

Esta talla policromada y dorada tuvo un gran sentido devocional. Muestra a la Virgen ofreciendo protección y asiento a Cristo, su hijo, como modelo de mujer que representa a todas las mujeres. Las tallas de este tipo sufrieron numerosas intervenciones posteriores para adecuarlas a nuevas modas estéticas, llegando incluso a perder su policromía original bajo nuevas capas de pintura. Sin embargo, gracias a su reutilización, han pervivido hasta nuestros días.

Tradicionalmente, la Iglesia ha atribuido un papel ambivalente a las mujeres. Por un lado, consideró a Eva responsable de la introducción del pecado en el mundo. Y por otro, durante los siglos centrales de la Edad Media, reivindicó la figura de la Virgen por su papel fundamental en la Redención de los hombres y, a través de ella, reivindicó a las mujeres. Los cientos de imágenes de Vírgenes con Niño, como ésta, realizadas en Europa desde el siglo XI demuestran la predominancia de ésta última faceta, más positiva, en la mentalidad cristiana. A la expansión de este nuevo papel de la Virgen y, por tanto, de la mujer, contribuyó en gran medida el monje cisterciense del siglo XII Bernardo de Claraval.

Virgen con niño

Virgen con niño (Sala 27, Vitrina 27.7)

El monasterio, espacio de libertad y creación para la mujer

Esta estatua yacente representa a la longeva y poderosa doña Constanza de Castilla, priora del monasterio madrileño de Santo Domingo el Real. Está situada sobre ell sepulcro de alabastro que se hizo construir y que se instaló, a su muerte, acaecida en 1478, en el coro de dicho monasterio. Doña Constanza fue prima de Catalina de Lancaster y nieta del rey don Pedro. Viste el hábito de blanco y porta un rosario y un libro entre las manos.

Quizá este libro esté en relación con un manuscrito que se conserva en la Biblioteca Nacional con el nombre de Devocionario, que ella misma escribió hacia 1465. Esta religiosa influyente, orgullosa de su linaje, y de prosa eficaz y tremendista, se suma a la creciente nómina de escritoras tardomedievales. Muchas de ellas fueron religiosas que vieron favorecidas sus aptitudes en un entorno monástico donde tuvieron acceso a la cultura, encontraron complicidad femenina para discutir sus obras y eludieron controles masculinos más presentes fuera del claustro. Estas mujeres de finales de la edad media, cuestionaron, con sus escritos y sus actos, el modelo de educación y comportamiento impuesto a las mujeres.

Estatua yacente de Doña Constanza de Castilla

Estatua yacente de Doña Constanza de Castilla (Sala 27, Peana)

El protagonismo femenino a finales de la Edad Media

Esta escena pertenece al retablo de Cartagena. Fue elaborado en un taller inglés y recoge un tema predilecto de las mujeres burguesas de la época, la Vida de la Virgen, modelo de mujer fuerte en el cual se reconocían como correspondía a mujeres instruidas y con un incipiente papel relevante, antes inusual. Esta exaltación de la mujer se manifiesta a través del protagonismo de la Virgen en todas las escenas. Entre ellas, destaca ésta, en la que santa Ana, madre de la Virgen, la enseña a leer en presencia de su padre, san Joaquín. Refleja una situación que comenzaba a ser frecuente en la época, esto es, el acceso de las niñas a la educación, aunque, en ese momento y hasta hace relativamente pocos años, sólo las pertenecientes a familias importantes.

Además de por el acceso a la enseñanza, el protagonismo femenino fue especialmente sobresaliente durante el siglo XV gracias al desarrollo de la devotio moderna, movimiento de renovación espiritual que permitía lograr una relación privada y personal con lo divino sin mediaciones clericales. En su seno, las mujeres ejercieron una activa labor de mecenazgo religioso, que aplicaron a muebles litúrgicos de pequeño formato, como este retablo.

 

Escena de la educación de la Virgen. Retablo de Cartagena

Escena de la educación de la Virgen. Retablo de Cartagena   (Sala 27, Pared)

El concilio de Trento, un antes y un después en la historia de la mujer

Esta talla en madera policromada y dorada, ejemplo de clara raíz medieval, participa de la estética renacentista, particularmente en el sereno rostro y el tratamiento de los cabellos de la Virgen. Se denomina Virgen abridera porque al abrir unas portezuelas disimuladas despliega diferentes escenas en miniatura. De este modo, una simple talla se convierte en un políptico, en bella metáfora de la capacidad del cuerpo femenino de contener vida y multiplicarse. En su versión con las portezuelas cerradas, éstas se disimulan en forma de pecho, vientre, o brazos de la Virgen, como en este caso. Una vez abierta, esta Virgen muestra, a la izquierda, la escena de la Oración de Jesús en el Monte de los Olivos y, a la derecha, la escena del Santo Entierro. Las otras dos escenas se han perdido.

Esta talla nos permite abordar las consecuencias que el Concilio de Trento tuvo en la iconografía religiosa. Celebrado a mediados del siglo XVI, supuso un brusco cambio para la historia de las mujeres, que vieron reducida su libertad y padecieron un mayor control de sus cuerpos. La perfecta casada, obra de fray Luis de León, resume bien este nuevo ideal. Como consecuencia del Concilio, se reformula la iconografía. En estas, y en otras muchas tallas, se sustituyeron representaciones discutidas por mostrar en su vientre a la Santísima Trinidad, considerado casi una herejía, por otras más acordes con un papel subordinado de María. En otras ocasiones, directamente se borraron las escenas o se inutilizaron sus puertas.

Virgen abridera de Cisneros

Virgen abridera de Cisneros (Sala 28, Vitrina 28.8)

La mujer y el Nuevo Mundo

La cerámica de Tonalá, producida en Jalisco (México) y sucesora de las cerámicas prehispánicas, fue muy apreciada tanto en la Nueva España como en Europa. En particular, sobresalió la demanda de búcaros o jarrones, que excitaban varios de los sentidos. La vista, por su belleza. El olfato, porque las arcillas con que se fabricaban impregnaban el agua de un agradable olor. Por ello, se usaron como perfumeros y se conocieron como “búcaros de olor”, cualidad que se extendió al sabor del agua contenida en ellos. Además, sorprendía su sonido y el agradable tacto de su superficie bruñida.

Esta cerámica nos permite, a través de la bucarofagia, corroborar el nuevo papel que la mujer adquirió en la cultura occidental a partir de esta época, de nuevo supeditada al varón, que en buena medida decide los cánones de belleza femenina. Esta práctica, extendida entre las mujeres de la sociedad barroca, persistió hasta el siglo XIX, a pesar de que médicos y confesores intentaron erradicarla. Consistía, según consta documentalmente, en “devorar” en pequeñas dosis fragmentos de estos jarrones por las presuntas propiedades que le atribuían a la arcilla con que fueron hechos. De este modo, conseguían adelgazar y tener una tez más blanca, conforme a los cánones de belleza de la época. Estos cánones han cambiado actualmente, pero siguen esclavizando a la mujer, y no tanto al hombre.

 

Cerámica de Tonalá, México

Cerámica de Tonalá, México (Sala 29, Vitrina 29.9)

A lo largo de la Historia, el mundo ha estado dominado por los hombres, que han escrito la mayor parte de sus páginas. Las mujeres no destacan por sus valores y cualidades, sino que son juzgadas en la medida en que responden al ideal que los propios hombres han definido para ellas siglo tras siglo.

Pero la historia de las mujeres continúa…