Cerámica de Talavera, detalle

Itinerario musical

Itinerario completo disponible para realizar en el Museo con la Guía multimedia.

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Duración: 90'

Los inicios de la música. Paleolítico superior

La música ha acompañado al ser humano desde los comienzos de su existencia, pero hasta tiempos muy recientes no ha podido ser registrada. Este hecho dificulta su estudio en las civilizaciones antiguas, y más aún en los albores de la historia de la humanidad.

Los instrumentos musicales son la prueba palpable de la existencia de música en cualquier civilización. Sin embargo, los sencillos instrumentos sonoros fabricados por los primeros seres humanos son prácticamente imposibles de identificar en arqueología. Unos palos que se entrechocan o un objeto que produce sonido al ser golpeado no dejan huellas ni marcas de uso. Para confeccionar, por ejemplo, las primeras flautas, los hombres y mujeres del paleolítico emplearon probablemente cañones de plumas de ave y sus huesos largos, a los que practicaron orificios una vez vaciados. Éstos pudieron ser algunos de los primeros instrumentos musicales de los que, desgraciadamente, apenas quedan evidencias.

Humanos del Paleolítico , Vitrina 5.7

Humanos del Paleolítico (Sala 5, Vitrina 5.7)

Objetos que delatan actividades musicales

Las conchas de río o de mar, como estas procedentes de Los Millares, probablemente se utilizaron unidas mediante una cuerda de cáñamo o esparto, hoy perdida. De este modo, podían chocarlas más fácilmente entre sí para producir sonidos. En otras ocasiones, se colgarían de cinturones, muñequeras o tobilleras, de tal modo que, al danzar con ellas puestas, sonasen. Esta función se unía a la puramente estética, dada la belleza de su apreciado nácar.

Las caracolas suponen un uso más complejo, pues presentan unos agujeros realizados de manera premeditada. La etno-arqueo-musicología ha tratado de comprobar qué sonido producían y de qué manera se tocaban. Estas caracolas pudieron ser tocadas a modo de trompa, soplando por su parte estrecha para aprovechar el desarrollo de la caracola como pabellón de resonancia. De esta forma, se conseguía una potencia de sonido amplificada. Tapando parcialmente alguno de los orificios, el sonido variaba. Se trata de una de las primeras manifestaciones propiamente musicales de la historia de la humanidad.

Conchas marinas y caracolas. Los Millares, Almería

Conchas marinas y caracolas. Los Millares, Almería (Sala 8, Vitrina 8.2)

La música: oficio sacerdotal

Ijé fue una sacerdotisa egipcia que murió hacia el año mil antes de Cristo. En los jeroglíficos de su sarcófago se hace mención a su condición musical. Era una “cantora de Amón”, cargo sacerdotal desempeñado solo por mujeres, encargadas de cantar, tocar instrumentos y danzar en las ceremonias en honor del dios Amón. Gozaban de gran relevancia social. Como en muchas otras culturas antiguas, las mujeres sirvieron de mediadoras ante la divinidad, particularmente a través del canto, la forma más excelsa de arte musical que conecta con el más allá.

En el Antiguo Egipto, sobre todo durante el Imperio Nuevo, conocemos la existencia de distintos instrumentos musicales de percusión, viento y cuerda. Destaca el arpa, instrumento muy emblemático y bien representado iconográficamente, que aparece, en general, en manos de mujeres y en relación con el culto divino. Este instrumento varió mucho con el paso del tiempo en tamaño, forma y número de cuerdas. En función de sus características físicas, el tañedor lo tocaba sentado en el suelo, de pie, o con el instrumento apoyado en el hombro.

 

Sarcófago de Ijé, cantora de Amón

Sarcófago de Ijé, cantora de Amón (Sala 35, Vitrina 35.2)

Instrumentos para la divinidad

El sistro es un instrumento formado por un marco de bronce u otro metal en forma de herradura, con un mango para sostenerlo, y con varias varillas metálicas deslizables para chocar con el marco al ser agitado a modo de sonajero. Además de producir sonido, ahuyentaba insectos y maleficios. Se documenta desde el III milenio a.C. asociado a los cultos de diosas como Hathor e Isis. Tenía valor protector, pues alejaba el mal. En la mitología egipcia, YJY era el dios de la música. Su nombre significa el tocador de sistro y su música alegraba el corazón de los dioses.

En la cultura egipcia tenemos noticia de otros instrumentos de percusión empleados para las ceremonias religiosas, como crótalos, palos, campanillas o tejoletas, alguna muy curiosa en forma de mano. Sin embargo, el instrumento musical con el que mejor se identifica al Antiguo Egipto, es el sistro, difundido posteriormente en el ámbito griego y latino gracias al culto a la diosa Isis. Generalmente, las sacerdotisas fueron las encargadas de tañer estos instrumentos en las ceremonias religiosas.

Sistro egipcio

Sistro egipcio (Sala, 34, Vitrina 34.7)

La música, arte con mayúsculas

En esta vitrina, se exponen varios instrumentos musicales griegos de percusión. Es el caso, por ejemplo, de los crótalos o los címbalos, platillos metálicos que producían sonido al golpearlos entre sí. También aparecen representados otros, como el tímpano, pandero elaborado con una piel de animal tensada en un bastidor, en manos de una figura de terracota.

Las primeras explicaciones del origen de la música fueron míticas. En este tema, Grecia asumió relatos tanto de pueblos orientales como de Egipto o Fenicia, todos ellos relacionados con el ámbito religioso. Grecia fue el primer pueblo occidental en considerar la música como un arte e integrar su conocimiento como parte fundamental de la formación de sus ciudadanos, por lo que se enseñaba a tañer en las escuelas. En Grecia, mousikè se refería no solo al arte de conjuntar sonidos, sino que también comprendía los textos poéticos y la danza que acompañaba el canto. No se entendía una cosa sin la otra. Todo lo relativo a las musas, diosas creadoras de las artes era, por tanto, “músico”. La música debió de alcanzar un grado de desarrollo similar al del resto de las artes, pero desgraciadamente no se han conservado piezas con notación, salvo unos fragmentos de muy dudosa reconstrucción.

Instrumentos musicales

La religión y la música (Sala 36, Vitrina 36.17)

La música, invento de los dioses

En este lécito aparece representada la diosa Aurora raptando al joven Titono, quien porta una lira, quizá el instrumento musical más asociado a la cultura griega. Consiste en un bastidor en forma de ábaco con cuerdas que solía tañerse con dos manos. La lira griega, cuyos ejemplares más antiguos son de época micénica, deriva de las arpas egipcias y fenicias. El mito cuenta que Hermes inventó este instrumento. Utilizó para ello un caparazón de tortuga, similar al de la lira del joven Titono, y le ató doce cuerdas hechas con los intestinos de doce vacas que robó a Apolo. Éste se quejó a Zeus, quién ordenó la devolución de las reses. Ante la imposibilidad de cumplir la pena impuesta, Hermes pagó regalando el instrumento a Apolo. Desde entonces, quedó vinculado a este dios, que suele representarse con ella en las manos. Posteriormente, también se le representó tocando la cítara, instrumento derivado de la lira pero más robusto, por lo que producía un sonido más potente. Cuando Apolo tañía cualquiera de estos cordófonos, lograba aplacar los ánimos de los oyentes, pues en las antiguas civilizaciones se consideraba que la música influía sobremanera en el comportamiento de dioses y humanos.

Lécito de la diosa Aurora

Lécito de la diosa Aurora (Sala 36, Vitrina 36.9)

Músicas de la Grecia antigua

En este vaso griego está representado un personaje vestido al modo oriental, con gorro frigio, corta túnica bordada de largas mangas y botas. Está tocando un tímpano o pandero. A su derecha, un sátiro, sentado sobre una roca, tañe un instrumento de viento llamado diaulós, compuesto por dos tubos. Estos instrumentos formaban parte del exaltado cortejo que acompañaba al dios Dioniso.

El aulós era el instrumento de viento por antonomasia en Grecia junto a la siringa o flauta de Pan. Estaba fabricado en madera o caña y contaba con cuatro agujeros y una lengüeta que producía un sonido estridente. Una modalidad muy frecuente fue el diaulós, cuya característica más destacada es que era capaz de producir polifonía y que, en esta ocasión, está siendo tocado por un sátiro. Este aerófono se asociaba con el culto a Dioniso, divinidad que rivalizó con Apolo, el cual, a su vez, estaba vinculado con los instrumentos de cuerda. En la Grecia Antigua existió una rivalidad entre la música de los instrumentos de cuerda y de viento, que fue más allá de lo musical. El sonido de los cordófonos aplacaba los ánimos de los oyentes y el sonido del diaulós, los excitaba.

Cratera con escena dionisíacas

Cratera con escena dionisíaca (Sala 36, Vitrina 36.27)

Los sonidos del mundo ibérico

La doncella representada en uno de los relieves de este monumento ibérico tañe un diaulós, instrumento de viento de dos tubos y una lengüeta de hueso o marfil. Su sonido agudo e incitante era óptimo para utilizarlo en contextos públicos ceremoniales. Fue el favorito de las mujeres iberas, frente a la tuba, preferentemente tañida por varones. Esta tañedora de diaulós o doble aulós, y por ello denominada auletrix, aparece acompañada de otros jóvenes. Posiblemente están participando en rituales funerarios con exhibición de combates, procesiones y presentación de ofrendas. Desde la más remota Antigüedad, la música fue un medio de comunicación entre el ser humano y los dioses, es decir, entre el mundo real y el más allá. Todos estos ritos se realizaban al son de la música, considerada un componente más en estas ceremonias y seguramente también vinculada a cantilaciones, o frases apenas entonadas.

Monumento funerario de Osuna. Conjunto A

Monumento funerario de Osuna. Conjunto A (Sala 13)

La imagen del canto

En este monumento funerario ibérico de Pozo Moro destaca una curiosa representación en su cara norte. No es estrictamente musical, sino que simboliza al propio sonido. Un héroe transporta un gran árbol, cuyas ramas pinchan otros personajes, de tamaño mucho menor. De las fauces de un felino se aprecia claramente cómo emergen unas líneas, a modo de rayos, con las que, tal vez, se pretendió representar gráficamente el sonido de un rugido. La escena, que estaría enmarcada por otro felino en disposición similar, mostraría la dificultad que históricamente ha existido para plasmar iconográficamente el sonido cuando no mediaban instrumentos musicales. De ahí deriva la imposibilidad de representar de manera unívoca el canto en muchos períodos históricos, a pesar de que fue la manifestación musical por excelencia prácticamente hasta la Edad Moderna.

Escena con representación de un sonido. Pozo Moro, Albacete

Escena con representación de un sonido. Pozo Moro, Albacete (Sala 12)

Símbolos parlantes de la música

En este relieve, un músico tañe un gran instrumento de viento aerófono que funcionaba a modo de trompa y producía un sonido más grave cuanto mayor fuera su tamaño. El tubo se ensanchaba hacia su pabellón para ganar una mayor sonoridad. El peso que llegaba a alcanzar aconsejó añadirle una barra transversal que el músico sujetaba con su mano izquierda. Instrumentos similares han aparecido en los contextos arqueológicos ibérico, celtíberico y romano. Esta figura forma parte de un conjunto de escenas pertenecientes a un monumento funerario y están dedicadas a exaltar la figura del difunto. En este caso, el instrumento sirve de atributo iconográfico para representar el sonido, ingrediente fundamental en todas estas ceremonias públicas. Nuevamente, nos hallamos ante un instrumento que propiamente no es musical, sino sonoro, como otros ya mencionados.

Relieve del músico de Osuna. Conjunto B

Relieve del músico de Osuna. Conjunto B (Sala 17)

Las musas, inventoras del arte musical

Este mosaico realizado con teselas de múltiples colores decoró el suelo de una estancia de una villa tardorromana navarra de finales del siglo III. Sobre su planta octogonal se disponen nueve espacios irregulares en torno a un medallón central. En éste, se representó a Pegaso, caballo alado, y una figura masculina, seguramente, Apolo, dios de la música y jefe de las Musas, por las que aparece rodeado en el resto de los espacios del mosaico. Cada uno de estos espacios está ocupado por una de las nueve musas con sus respectivos atributos iconográficos y por un personaje histórico relevante en cada una de las artes que cada musa representa. Aunque se han perdido algunas escenas, entre las musas conservadas, podemos identificar a seis, algunas de las cuales portan instrumentos musicales. Es el caso de Érato, musa de la geometría, que aparece representada pulsando una lira que está apoyada sobre una columna. Euterpe, musa de la música, que mira hacia su acompañante y maestro, que está tocando un aulós.

Mosaico de la villa romana de las Musas. Arellano, Navarra

Mosaico de la villa romana de las Musas. Arellano, Navarra (Sala 23, Pared)

La polifonía y la notación musical

Este altar visigodo evoca tiempos pretéritos en los que el canto era esencial en las celebraciones litúrgicas, pues contenía la oración hecha música. La enseñanza de la música litúrgica en estos siglos era exclusivamente oral y solo después de muchos años de aprendizaje los cantores llegaban a conocerla. Efectivamente, San Isidoro de Sevilla, sabio visigodo, ya era consciente de que “los sonidos se pierden, porque no se pueden escribir”.

En el siglo IX, ocurrirá un hecho trascendental: nacerá la polifonía y varias voces realizarán por separado una melodía diferente sobre la misma pieza. Esta práctica provocará la aparición de la escritura o notación musical que permitirá identificar las diferentes melodías. Por primera vez en la historia, podrá interpretarse una obra musical sin haberla escuchado previamente. La cultura mozárabe heredó y dio continuidad a esta tradición visigótica. Gracias a ello, conservamos miles de cantos de la liturgia visigótico-mozárabe, la llamada liturgia hispana, pero con un sistema de notación peculiar aún sin descifrar, por lo que no sabemos cómo se interpretaría.

Altar visigodo de iglesia

Altar visigodo de iglesia (Sala 23, Podio)

Música musulmana

Este ungüentario de pasta vítrea, con su embocadura de oro, es una pieza de lujo, fechada en los primeros siglos del Islam y que procede, posiblemente, de Egipto. Lo más probable es que llegase a al-Ándalus procedente del comercio de importación. Es una pieza usada en el ámbito cortesano para el adorno personal de las mujeres. La cultura musulmana, exquisita en todos los aspectos, no podía dejar atrás la música, muy relacionada, en ocasiones, con el mundo femenino. De hecho, en muchas representaciones aparecen mujeres tocando el oud (es decir, el laúd), que jugó un papel fundamental en la Europa cristiana. Existen documentos que nos permiten reconstruir la evolución de este instrumento, en la que jugará un papel fundamental un polifacético personaje procedente del Mediterráneo oriental: Ziryab. Criado en Bagdad y árbitro de modas, costumbres y refinamiento, se asentó en la Córdoba omeya del siglo IX y sentó las bases de la enseñanza musical en al-Ándalus. Además, según la leyenda, añadió una quinta cuerda a este instrumento. Trasvasó, de este modo, el conocimiento de la música oriental a al-Ándalus.

El conocimiento de la música musulmana antigua se resiente por su carácter esencialmente oral, no escrito, de base improvisatoria según la tradición. Su organización nada tiene que ver con la occidental, pero dejó una impronta fuerte en ésta en aquéllos lugares donde convivieron ambas culturas.

Ungüentario andalusí

Ungüentario andalusí (Sala 23, Vitrina 23.16)

La música sacra medieval

Las sillerías corales como ésta mudéjar del convento femenino de Santa Clara en Astudillo, solían formar una U. En el centro, un gran atril o facistol sostenía grandes cantorales con la música que debía cantarse en cada momento de la liturgia. La celebración del oficio divino fue una práctica cotidiana en los monasterios de monjes y monjas, así como en los cabildos catedralicios y canonicales. Ello produjo un mobiliario especial, las sillerías de coro como ésta, necesario para desarrollar esta labor de alabanza divina. El canto fue el gran protagonista de muchas de las horas que allí pasaron estas personas que se sometían a una vida religiosa con obligación de vida comunitaria.

Al principio, esta música era monódica, es decir, de una sola línea melódica, que interpretaba el conjunto de la comunidad. Es el llamado canto gregoriano, que hunde sus raíces en el canto de las sinagogas judías y de las primeras comunidades cristianas. A partir del siglo XII, fueron llegando las composiciones polifónicas a los monasterios, dónde fueron embelleciendo el canto de los oficios al intercalarse con las anteriores.

Sillería de coro. Astudillo, Palencia

Sillería de coro. Astudillo, Palencia (Sala 24, Podio)

La música profana medieval

Dos escenas representadas en estos aliceres recogen instrumentos musicales propios de la nobleza caballeresca bajomedieval. El cuerno, utilizado para la caza, era propiamente un objeto sonoro más que musical, sin afinación y con un timbre estridente que permitía ser oído en espacios exteriores.

El otro instrumento representado, el laúd, de cuerpo oval, es tañido con un plectro o péñola por un juglar. Fue introducido desde al-Ándalus en Europa, dónde se convirtió en el cordófono punteado más célebre de la Edad Media, aunque en nuestra Península compartió protagonismo, poco después, con la vihuela. Se distingue el clavijero tumbado con seis clavijas, lo que indicaría otras tantas cuerdas o, más probablemente, dos órdenes dobles y dos cuerdas simples.

Entonces era frecuente que la misma persona cantara y se acompañara por un instrumento. En este caso, la pieza que tañe parece monódica, o de una polifonía muy primitiva, ya que para ejecutarla no hace uso de los dedos de la mano derecha, ocupados con el plectro.

Aliceres de la techumbre del palacio de Curiel de los Ajos

Aliceres de la techumbre del palacio de Curiel de los Ajos (Sala 24, Pared)

Los ángeles músicos, fuente de conocimiento musical

En la tabla central de este tríptico, el pintor Jaume Cabrera representa a la Virgen María rodeada por cuatro ángeles músicos, que tañen por parejas, un laúd y un órgano portátil o portativo, y una flauta de pico y un arpa gótica.

En el siglo XIV, nace esta nueva escena iconográfica, la Virgen rodeada de ángeles músicos, siendo la mayor parte de ellos tañedores en alabanza a Dios. Gracias a ello, conservamos multitud de representaciones de instrumentos musicales, aunque la Biblia no es especialmente generosa en escenas de este tipo. Podemos apreciar detalles sobre su forma y la manera de tocarlos: las cuerdas del laúd se pulsan con un plectro y el órgano es alimentado con un fuelle oculto accionado por el propio tañedor mientras toca un curioso teclado de llaves con la mano derecha. Este conjunto instrumental, propio de la época gótica, es una muestra de la llamada “música baja”, es decir, instrumentos de volumen moderado propios para tañerlos en interiores, frente a los de “música alta”, más heráldicos o conmemorativos. Los ángeles músicos están tañendo, posiblemente, alguna obra polifónica. El nacimiento de la polifonía no puede desligarse de otro descubrimiento fundamental, el de la notación musical, imprescindible para ejecutar este tipo de repertorio.

Tabla con 4 ángeles músicos. Jaume Cabrera

Tabla con 4 ángeles músicos. Jaume Cabrera (Sala 27, Vitrina 27.14)

Instrumentos musicales imposibles

Esta caprichosa pieza bajomedieval es un jarro con pico empleado para echar agua en una palangana y lavarse las manos. Representa un animal fantástico con un instrumento musical igualmente imaginario. El monstruo es un centauro, mitad hombre, mitad caballo. La figurita que une espalda y grupa sirve de asa para sostener el objeto. El agua, que se introduce por la cabeza, se vierte por el orificio en que remata un instrumento musical de cuerda indeterminado, más decorativo que real, que sujeta con una mano. Por la posición, el centauro quizá sostenía con la otra un arco con el que frotaría las cuerdas, que el artista ha procurado que se distingan.

A veces es complicado saber si los modelos que reproducen los artistas son instrumentos reales o elaboraciones de su imaginación, algo evidente en este caso. Lo mismo se puede decir de las agrupaciones instrumentales. El significado simbólico de la música provocó representaciones que no se correspondían con la realidad. En ocasiones, solo se trataba de señalar la presencia genérica de la música o utilizarla con fines decorativos, por lo que estos instrumentos no sirven para documentar otros, hoy perdidos.

Aguamanil con centauro

Aguamanil con centauro (Sala 27, Vitrina 27.18)

Los instrumentos de cuerda en la Edad Media

Esta vestimenta litúrgica fechada hacia 1300 está realizada con seda de colores sobre tela de hilos de oro con forro de lino. Es un ejemplo del llamado opus anglicanum, un complejo y costoso bordado de los que solo quedan cinco ejemplares en España. Fue donada por el papa Luna a la colegiata aragonesa de Daroca. Acompañando a las escenas del Génesis, se distinguen seis medallones que adornan su parte frontal donde podemos observar a seis ángeles músicos que tañen variados instrumentos. Uno toca flauta y tamboril, una combinación que permanece viva en las fiestas de muchos pueblos de España incluso hoy en día. Otro ángel, una guinterna, un instrumento de cuerda pulsada con mástil. Otros dos portan fídulas o vihuelas de arco, aunque una de ellas está prácticamente perdida. Finalmente, un quinto ángel tañe un arpa gótica y el sexto, un salterio, instrumento procedente del mundo oriental.

Es de destacar que, salvo la flauta y el tamboril, el resto de los instrumentos son cordófonos, pulsados, percutidos o frotados, con o sin mástil, lo que quizá expresa una cierta importancia con respecto a otras familias instrumentales al ser puestos en manos angelicales.

Capa pluvial de Daroca

Capa pluvial de Daroca (Sala 27, Vitrina 27.17)

Un mito antiguo, nuevos instrumentos

En el México virreinal, muchos escritorios y biombos fueron decorados con escenas musicales. Desde la llegada de los españoles a Nueva España la aristocracia criolla trató de reproducir el refinado ambiente musical que había dejado en la metrópoli. Los galeones llenaron sus bodegas de libros de música, cuerdas de vihuela, y todo tipo de instrumentos. Los cronistas, por su parte, documentan la gran habilidad de los indios para este arte. En muy poco tiempo los indígenas construían órganos, tañían sacabuches, instrumento de viento similar al trombón, y llegaron a ser eximios compositores.

En la tapa de cierre del escritorio, Orfeo preside el centro de la escena, amansando a los animales y a las plantas situados a su alrededor al tañer su viola da gamba. Era un tiempo en que este instrumento apuraba su última etapa, antes de ser desbancado por la mayor potencia del violoncelo. En una de las esquinas del lateral derecho, se ha representado al dios Apolo tocando un instrumento de cuerda similar al laúd rodeado y por una pequeña orquesta de musas que tañen laúdes, chirimías, una flauta travesera o traverso y una viola da gamba.

Escritorio de Oaxaca, México

Escritorio de Oaxaca, México (Sala 29, Vitrina 29.6)

La música popular

Este plato de cerámica de Talavera de finales del siglo XVII, primorosamente decorado y policromado, muestra en su interior una escena de danza en un entorno campestre. Dos parejas mixtas, de aspecto cortesano, bailan cogidas de la mano al son de una gaita. Es una escena de marcado carácter popular, acorde con el instrumento que se tañe. Se trata de una gaita de bota o de fuelle que sopla un curioso personaje desnudo, seguramente recuerdo de un personaje mitológico. Se diferencian claramente las partes del instrumento: el fuelle, quizá recubierto con forro textil, elemento característico de este aerófono; el puntero, tubo donde se sitúan los orificios; el soplador, pequeño tubo que transmite el aire que se insufla al fuelle; el roncón, largo tubo cónico que hace de resonador; y las tres borlas que lo adornan.
Las gaitas son múltiples según regiones y épocas. Han sido aerófonos populares óptimos para acompañar los bailes al aire libre por tres circunstancias: por su potente y penetrante timbre; por la posibilidad de generar sonido continuamente, sin pausa, al disponer de fuelle; y, finalmente, por su capacidad para ejecutar una melodía y simultáneamente un bordón (una nota grave mantenida), en una suerte de primitiva polifonía. Desde la cornamusa medieval ha seguido evolucionando hasta el día de hoy.

Plato de cerámica con danzantes. Talavera

Plato de cerámica con danzantes. Talavera (Sala 29, Vitrina 29.2)