Biografías      

Blas Taracena Aguirre

Director de 3 de abril a 6 de septiembre de 1939; de 4 de marzo de 1940 a 1 de febrero de 1951

Blas Taracena

Blas Taracena Aguirre (Soria, 1 de diciembre de 1895 - Madrid, 1 de febrero de 1951) cursó en Madrid las Licenciaturas de Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad Central. En 1915 aprobó la oposición para el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y fue destinado como director al recién creado Museo Numantino (Soria) hasta 1936. Al año siguiente fue nombrado director del Museo Arqueológico Provincial de Córdoba; entre 1938 y 1939 Inspector General de Museos; y desde 1939 hasta su fallecimiento, director del Museo Arqueológico Nacional.

Dedicó estos años a la reorganización del museo. Era necesario desalojar las piezas ajenas a la jurisdicción del Museo Arqueológico Nacional y obtener medios para su puesta en marcha. Con objeto de poderse centrar en las tareas de reorganización, se separaron los cargos de Director del Arqueológico y de Inspector General de Museos, que pasó a ejercer Joaquín Mª Navascués (1940).

Entre 1939 y 1948, y en paralelo a la salida de las colecciones ajenas y a la entrega de unos 10.700 objetos al Museo Nacional de Etnología, Museo de Artes Decorativas y Museo de América, se procedió a la organización de una exposición con las piezas más representativas del museo. Nació así la “Exposición sintética de antigüedades españolas” (1940-1951) también conocida como el “Museo Breve”, de la que se publicó la Guía de las instalaciones de 1940. Resumen de la arqueología española. Igualmente, se celebró una exposición de orfebrería y ropas de culto organizada por Joaquín Mª de Navascués (1941-1942) sobre la que Emilio Camps y Felipa Niño publicaron un catálogo, y fueron inauguradas las Salas de Cerámica de la Edad Moderna. Esta normalidad en el día a día del museo también se quiso reflejar con la publicación del libro Adquisiciones del Museo Arqueológico Nacional (1940-1945).

Si bien en 1940 el Patronato había aprobado el plan de reforma arquitectónica redactado por Luis Moya, que recogía las obras más necesarias, y aunque a lo largo de estos once años se sucedieron los trabajos y la concesión de presupuestos, lo cierto es que en febrero de 1951 muchas piezas aún se encontraban en el patio árabe, los almacenes e incluso en los despachos de los conservadores. Aún quedaba mucho trabajo por hacer.