Ignacio Calvo Sánchez

(Horche -Guadalajara-, 1864 - Madrid, 1930)

 

Ignacio Calvo Sánchez

Aunque de origen humilde consiguió estudiar gracias a becas, fue sacerdote y ejerció su ministerio en pueblos de Guadalajara y Badajoz, aunque algunos cursos dio clases de Física, Matemáticas y Arqueología Sagrada en el seminario de Toledo. Toda su vida mantuvo un gran interés en las ciencias.
En 1897 consigue plaza en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Su primer destino fue la Biblioteca de la Universidad de Salamanca y en 1901 empezó a trabajar en la Sección de Numismática del Museo Arqueológico Nacional, bajo las órdenes de Manuel Gil y Flores. En 1904 queda como Jefe de la sección al morir Gil y Flores. Aunque era consciente de que no tenía demasiada experiencia, rápidamente se va acostumbrando a los quehaceres generales del trabajo en el Museo como atender consultas, catalogar, participar en oposiciones, y a otros derivados de los escasos medios materiales con los que se contaba. Durante estos años ingresa una de las piezas icónicas de la colección: el Cuaternión de Augusto en 1919.
Era muy aficionado a escribir, practicando todos los géneros: la poesía, el folletín, libros de viajes, catálogos, estudios científicos, y sobre todo artículos divulgativos en periódicos y revistas, para acercar la Numismática al gran público, ya que él se consideraba así mismo un divulgador. Su obra más famosa fue la Historia dómini Quijoti Manchegui, traducción cómica del libro de Cervantes, totalmente libre, cuyas reediciones han llegado hasta 2017. Dejó un manuscrito: Mi diario como numismático (1901-1917), en el que apunta sus actividades y vivencias en el Museo Arqueológico Nacional y que nos transmite una imagen muy realista de cómo funcionaba la institución en esos años.
Siempre tuvo interés por la arqueología, aunque hasta 1912, en Tiermes (Soria), no inicia su labor como arqueólogo. También participó en las excavaciones de Uxama (Osma, Soria) y Clunia (Burgos). Poco conocidas son sus intervenciones en yacimientos de Guadalajara, como Aranzueque, y la Cueva de la Galiana (Valdecobo, Horche). En Galicia excavó en el castro de Santa Tecla y en Andalucía en el santuario de Collado de los Jardines (Santa Elena, Despeñaperrros, Jaén) con Juan Cabré. Aunque se le concede permiso para excavar en 1914 en Castellar de Santisteban (Jaén) no pudo trabajar en la zona por la conflictiva situación del yacimiento.
En 1919 fue nombrado Académico Correspondiente por Guadalajara de la Real Academia de la Historia. Fallece, todavía en activo, en 1930.

Montserrat Cruz Mateos