Octavio César Gil Farrés

(Madrid, 22 de Noviembre de 1916 – 25 de Octubre de 1992)

 

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valencia, accedió por oposición al Cuerpo Facultativo en 1944, siendo destinado a la dirección de los museos de Mérida y Badajoz. Tan solo unos meses después permutaría su plaza con la de José Álvarez Sáenz de Buruaga y se incorporaría a la Sección Primera del Museo Arqueológico Nacional, en la misma plaza que había ocupado antes de la Guerra Civil su padre, Ramón Gil Miquel. Permaneció en ella, con algunas interrupciones, toda su vida laboral.
A finales de 1952 pasó al Departamento de Numismática en comisión de servicios, afianzando su vocación en este campo, que le llevaría a convertirse en una personalidad destacada en el campo de los estudios numismáticos. Compaginaría su trabajo en el Museo con el de secretario la revista Numario Hispánico del Instituto Antonio de Agustín del CSIC, miembro del Bureau de la Comisión Internacional de Numismática, así como profesor ayudante en la Universidad y en la efímera escuela de la Biblioteca Nacional. No obstante sería relevado de sus funciones en dicho Departamento en 1958 tras el retorno de su titular, Clarisa Millán, viéndose obligado a volver a su antiguo puesto. En 1970 fue nombrado Director en funciones del Museo Etnológico Nacional, puesto en el que permanecería hasta 1982. Al volver al Museo Arqueológico se encargó hasta su jubilación de las colecciones ibéricas.
Fue D. Octavio un investigador de raza, que sobresalió en diversos campos, desde la Prehistoria hasta la Edad Media, publicando entre otras las memorias originales de excavación del célebre yacimiento del Alto de la Cruz de Cortes de Navarra, correspondientes a las excavaciones de Blas Taracena, tras su fallecimiento. Publicó así mismo numerosos estudios sobre piezas del Museo, y le debemos la ordenación e inventario de diversas colecciones. Pero sin duda su principal labor la desarrolló en el campo de la Numismática, publicando diversas monografías, algunas a su propia costa, así como numerosísimos artículos y reseñas. No obstante, su labor en este campo le enfrentaría académica, y acaso también profesionalmente, a Joaquín M.ª de Navascués, a la sazón director del Museo Arqueológico Nacional durante una parte importante de su vida laboral.


Eduardo Galán